Domingo 16 de Diciembre de 2018 • Buenos Aires, Argentina
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Jefe bueno, jefe malo, jefe justo.

A los veintitrés años me toco por primera vez tener la responsabilidad de ser “jefe”. Entonces por dentro me decía “…voy a ser un “jefe bueno”, ese que me gustaría que fuera mi jefe …” claro que algunos se aprovecharon de mi inmadurez y poca experiencia en mi cargo y comenzaron los pedidos, los tirones y la constante evocación por distintos medios de yo “era igual que ellos”.
Jefe buenoA los veintitrés años me toco por primera vez tener la responsabilidad de ser “jefe”. Entonces por dentro me decía “…voy a ser un “jefe bueno”, ese que me gustaría que fuera mi jefe …” claro que algunos se aprovecharon de mi inmadurez y poca experiencia en mi cargo y comenzaron los pedidos, los tirones y la constante evocación por distintos medios de yo “era igual que ellos”.Claro que ese estilo no sólo no me dejaba la sensación de estar ejerciendo de buena manera la responsabilidad que me tocaba, sino además de perturbarme, no me permitía llegar en tiempo y forma a los objetivos preacordados por la empresa. Es más, recuerdo esos primeros tiempos como una carga pesada, que me llevaba más atención que las propias tareas a realizar.Jefe maloDespués de los resultados de ser un jefe bueno creí que al asunto había que darle un corte tomando una decisión que me diera otros resultados. Entonces me convertí en un “jefe malo”, ese que antes de escuchar dice que no, que se muestra poco amigo del dialogo, de aceptar sugerencias, ese que básicamente tiene miedo de pasar por bueno, por permisivo, por un jefe “manejable”.Sinceramente creo que no la pasaba bien ni yo, ni la gente que tenía a cargo, y lo peor que si bien se lograban algunos de los objetivos, no era lo mejor para la empresa. El jefe malo no premiaba a los mejores, y claro no todos eran malos, por el contrario la mayoría eran los buenos empleados, pero no estaban motivados para nuevos desafíos, es más muchos pensaban en irse…Realmente ser un “jefe malo” también llevaba un gran esfuerzo y no conseguía todo lo que yo sabía que podía dar el grupo. Recordaba que los jefe con los que había logrado mi mayor performance, no eran malos, me escuchaban, confiaban en mí, eran distintos a lo que yo estaba haciendo.Jefe justoHubo un día en el que me di cuenta de que tampoco era lo mejor ser jefe malo, entonces reflexione y me compare con aquellos jefes que reunían características distintas, incomprensibles para mí hasta ese momento. Me pregunté entonces ¿eran jefes buenos?, y respondí “…para mí sí, para otros no, en algunas situaciones parecía que sí, en otras no tanto. Entonces ¿eran jefes malos?, más que malos creo que sabían y nos hacían ver cuando las cosas habían salido mal, eso lo decían de un modo firme, pero no enojados ni en ningún momento faltando el respeto.Fue entonces que llegue a la conclusión de que el jefe que quería y debía ser buscando lo mejor profesionalmente para mí y para la empresa era ser un “jefe justo”. Ni bueno, ni malo, escuchando, dando respuestas responsablemente pensadas, confiando y siendo confiable.Destacando lo mejor, y corrigiendo con la firmeza que requiere lo malo.Esta es un poco mi experiencia, y como a muchos de los jefes jóvenes (y algunos no tanto) que en circunstancias se ven agobiados por semejante responsabilidad, siempre los invito a ser “jefes justos” para lograr cosas profesionalmente importantes para ellos como para la empresa.Alejandro Bogado
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