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Definitivamente, no creo que se gane mucho, es más seguramente es más lo que se gana de lo que se pierde.
¿Qué se gana y qué se pierde cuando se “reta a un empleado”?
Estoy convencido de que muchos jefes “retan” a los empleados por que no saben como encarar un problema de otra manera, ya sea por que lo aprendieron de sus experiencias como empleados y/o no tienen la capacidad para “tomar el toro por las astas” corrigiendo lo que no sale bien, ejerciendo la docencia y la buena comunicación necesaria para que el error no se vuelva a dar.
Lo que se gana
Definitivamente, no creo que se gane mucho, es más seguramente lo que se gana de lo que se pierde. Por supuesto que hay momentos en que es necesario un mensaje firme, sin embargo, si esa situación se repite todos los días, e inclusive varias veces por día, debería revisar la manera en la que comunicamos, si somos verdaderamente claros, si se cuenta con los conocimientos para realizar ese trabajo, si la persona en cuestión fue reclutada para ese tipo de trabajos, etc. Es más, muchas veces, sólo se gana:
· El desgaste en el equipo de trabajo
· La sensación de frustración de las dos partes, una por entender que no se hacen las cosas como el quisiera y la otra, por entender que por más empeño que se ponga, nunca se harán las cosas como la otra parte quiere…
Lo que se pierde
Claro que lo que se pierde es mucho…
· Se pierde energía, valiosa para tiempos de escenarios complicados.
· Se pierde confianza en el “otro” y esto se torna una conducta en la que pierden todos.
· Se pierde confianza en uno mismo, contrario a lo que pasa cuando estamos motivados.
· Se pierde tranquilidad, esa que es necesaria a la hora de resolver verdaderos problemas.
· Se pierde el buen clima, el necesario para plantear ese esfuerzo extra que nos permite obtener mejores resultados.
Estoy convencido de que muchos jefes “retan” a los empleados por que no saben como encarar un problema de otra manera, ya sea por que lo aprendieron de sus experiencias como empleados y/o no tienen la capacidad para “tomar el toro por las astas” corrigiendo lo que no sale bien, ejerciendo la docencia y la buena comunicación necesaria para que el error no se vuelva a dar. En ambos casos la responsabilidad es siempre de nosotros, inclusive si la persona no es idónea para un trabajo, al fin y al cabo, los responsables de su incorporación es de nosotros.
Por eso, si verdaderamente quiere corregir los errores en su empresa le propongo que no grite “dos gritos”, intervenga con toda su experiencia y haga un aporte de buena comunicación y algo de docencia.
Alejandro R. Bogado











